Valle del Najerilla

AutorPedro Madera

El río que trae la música. De pueblo a reino, por la selva de los benedictinos

Valle del Najerilla

Abrirse paso entre la abrupta naturaleza del valle del Najerilla es toda una experiencia que los amantes de los bosques recordarán siempre. Porque allí, los árboles son los reyes indiscutibles de un reino bañado por uno de los principales ríos riojanos. El Najerilla nace en el sur de la Sierra de la Demanda, en un rincón que parece sacado de un cuento, y comienza su camino hacia Anguiano, entre prados y bosques.

Cuando nace en Canales, es un pequeño arroyo. Pero después de unirse al Neila y rellenar el pantano de Mansilla, el Najerilla parece que ha cumplido su mayoría de edad. En primavera, en los años de nieve, el agua tiene sus propios acordes, como si fuera una canción popular.

Antes de llegar a Anguiano, se encuentra el primer gran tesoro del valle: el extraordinario monasterio de Valvanera, rodeado de una inmensa naturaleza que parece querer ocultar esta joya para que nadie pueda adueñarse de ella. En ese entorno alucinante, hace ya más de 1.000 años, el bandolero Nuño Oñez, arrepentido de sus pecados, llevó una imagen de la virgen que dijo encontrar en el interior del roble más grande del valle conocido como Valvanera a una cueva donde se creó la ermita del Santo Cristo.

Fue así como nació el santuario de Nuestra Señora de Valvanera, que ya a finales del siglo XI marcaba parte de la línea fronteriza entre Castilla y Navarra: “A summa cuculla ad rivo de Vallevenera”, decía Alfonso VI. Hoy habitan en este paraje los monjes benedictinos, que reiniciaron allí la vida monástica desde 1883. Y no podían haber elegido mejor escenario para dedicarse a la contemplación. Por eso hoy es su particular selva benedictina.

Volviendo al Najerilla y a su camino hacia el Ebro entraremos en el pueblo de Anguiano, donde Óscar Ferrer mima a sus particulares monarcas, los caballos del Centro Ecuestre Los Valles.

Estamos en un lugar perfecto para el turismo ecuestre. Desde Anguiano tenemos excursiones por todo el valle del Najerilla. Además hay la posibilidad de acceder al valle del Iregua y a los pueblos unidos de la antigua calzada romana.
Somos unos privilegiados por esa mezcla de naturaleza y vida rural nos permite ofrecer un estilo de vida muy particular...
Óscar

Aquí, en los veranos de Anguiano, las alubias trepan hacia el cielo con fuerza en las huertas de la zona. La siembra, el cultivo y el cuidado de cada surco tiene mucho de ritual. Las alubias son casi un símbolo del particular orgullo de cada productor. No extraño que se hable de las alubias caparronas de Anguiano con sus sacrametos, porque todo tiene un punto de liturgia. Hablar con Manuel García, uno de los productores más conocidos, es una lección de amor por la tierra.

Debe ser de color rojizo, sin pintas. El calibre es más pequeño que otras alubias de zonas con más regadío o menos altura. El reconocimiento de la DOP es dar valor a un producto que es símbolo de estos pueblos.
Estamos en un lugar especial, con una producción baja... No se puede hacer en olla express... Es más de puchero...
Manuel

Eso explica muchas cosas. Son famosas por lo suaves que resultan al paladar, todo un manjar que ha encontrado su paraíso en estas tierras donde también quieren tocar el cielo cada año los ocho jóvenes del pueblo que protagonizan la Danza de los Zancos. Vestidos con enaguas y faldones, y subidos sobre unos zancos de 50 centímetros de altura, cada domingo antes de la Ascensión se lanzan por una cuesta empedrada girando sobre sí mismos. La llaman la Cuesta de los Danzadores, y por ella van girando mientras tocan las castañuelas hasta la plaza, cerca de donde se pueden ver varias casas hidalgas y la mayoría de los pajares del pueblo.

Son pequeños detalles de ese otro ritmo rural. No hay que perderse la iglesia de San Andrés, en el barrio de Mediavilla, que comenzó a levantarse a mediados del siglo XVI, con unos cuantos tesoros que descubrir en su interior. Ni la iglesia de San Pedro, esta en el barrio de Cuevas, en un entorno excepcional que permite divisar una extraordinaria panorámica del Najerilla, el antiguo puente que comunica los caseríos de Anguiano y las rocas que ejercen de frontera del entorno.

Merece la pena entrar en ella para observar los muros de la cabecera, unas pinturas al fresco que representan la Anunciación y el Calvario. Y los aficionados a los buenos quesos pueden hacer una parada en una quesería familiar de este mismo barrio, donde Gerardo, Eva y sus hijas venden deliciosos quesos hechos con leche de su ganado.

Igual que los danzadores desafían la ley de la gravedad, Ledesma de la Cogolla, un poco más hacia el noroeste, también mira desde arriba al mundo. Su iglesia románica dedicada a Santa María, del siglo XII, es todo un referente en sillería y mampostería, con capiteles decorados con águilas. También merece la pena detenerse en el campanario de madera, adobe y piquera en el tejado, que se construyó cuatrocientos años después, y en la pila bautismal románica.

Pero seguramente el mayor reclamo de Ledesma es la elaboración de carbón natural, una antigua tradición que fue durante años el modo de subsistencia de gran parte de los vecinos. Una actividad que, aunque dejó de realizarse hace medio siglo para vender el producto a las industrias cárnicas del valle, se repite cada cuatro años, cuando las carboneras se levantan y se hace carbón ya solo con la madera de encina selectiva que se aprovecha de la limpieza del monte.

El turismo rural en la zona ha servido para revalorizar los productos de todo el valle. Regresando al curso del río nos adentraremos en Baños de Río Tobía, que también se conoce como Bañuelos. Allí, en un tranquilo paseo, se pueden ver casonas de los siglos XVII y XVIII, además de la iglesia parroquial de San Pelayo, del siglo XVI, donde hay un retablo renacentista y otros retablos barrocos. Y un poco más al noreste hay otra parada imprescindible: Camprovín, un pequeño pueblo en el valle alto del Najerilla, al pie de la sierra de Moncalvillo, que ofrece un entorno de escándalo para hacer rutas en bici o caminar.

También es el lugar perfecto para los amantes de la historia, que no pueden perderse el Ecomuseo. A través de él el pueblo intenta luchar contra la pérdida de las tradiciones, ya sean en forma de danzas, de cantos, de recetas, o incluso de formas de cultivo de los medios rurales. Otro imprescindible es la iglesia de San Martín, que se levantó a finales del siglo XVI.

Cuando el río se ensancha, asume un cierto aire aristocrático. Siguiendo el curso del río, que continúa hacia Nájera, cruzaremos Arenzana de Abajo y Arenzana de Arriba, con sus antiguas iglesias y sus casas blasonadas, y también Tricio, que en tiempos del imperio Romano se llamó Tritium Magallumpor su gran tamaño. De ahí la cantidad de restos arqueológicos encontrados. Al otro lado del río queda Cañas, cuna de Santo Domingo de Silos y sede del extraordinario monasterio cisterciense de Santa María del Salvador, una visita de las que no hay que saltarse, en especial los amantes del gótico.

Y aún nos quedan por descubrir varias joyas en este periplo fluvial. Por ejemplo, Alesón, por supuesto, Nájera y Huércanos, en donde se levanta la espectacular iglesia parroquial de San Pedro, construida de sillería en el siglo XV; y Uruñuela, lugar en el que tienen mucha experiencia cultivando buenos vinos gracias a la pureza de la uva de Uruñuela.

En este pueblo que no llega al medio millar de habitantes es buena idea darse un paseo tranquilo entre las casonas hidalgas y llegar hasta la iglesia parroquial de San Servando y San Germán, del siglo XVI, con un original retablo churrigueresco. Alberga además el sepulcro de Pablo Martínez de Uruñuela, abad del monasterio de Nájera en el siglo XV que nació en estas tierras. También tiene un rollo jurisdiccional.

Llegando a la recta final del Najerilla nos adentraremos en Somalo, un auténtico paraíso natural con arboledas y fuentes de aguas cristalinas al que bautizaron como el jardín de la corte del reino Nájera-Pamplona. Caminar por este entorno, donde solo se respira una gran calma, es toda una experiencia que merece la pena disfrutar antes de seguir camino a Torremontalbo, ya a muy poca distancia de la desembocadura del río Najerilla, en el Ebro.

Su decena de habitantes disfruta del paisaje en el que reina la Torre de los Condes de Hervías, levantada entre los siglos XIV y XV sobre un torreón romano que protegía el río Najerilla en la vía romana entre Briones, Cenicero y Varea. En el municipio también se encuentra la iglesia de Santo Domingo de Silos, de finales del siglo XVIII, adosada a la Casa Palacio de la localidad. Un final de viaje perfecto para despedirse hasta otra ocasión del valle.

Por suerte, los que han optado por quedarse en estos pueblos dan vida a un estilo de vida que tiene otro ritmo. Es el sonido del deshielo en primavera, de las abejas en verano y ese aire dulzón que tienen las tardes cuando se acaba la vendimia. Estamos en un tramo de historia que se entiende mejor desde el balcón de una de nuestras casas rurales.

Las opciones de alojamiento en el valle del Najerilla no se quedan cortas. Ascarioja tiene una presencia importante en toda la zona y ofrece la posibilidad de adentrarse en el valle con todas las comodidades imaginables rodeados de un entorno de los que no se olvidan fácilmente. Todo un lujo para los amantes de la tradición en el medio rural.

Valle del Najerilla

Las aguas del lenguaje. La literatura tiene sus santuarios en el Valle de la Lengua

El río Cardenas permite crear otra ruta rodeados de naturaleza y vida rural en el corazón de La Rioja. Seguir el transcurso de este afluente del Najerilla es una deliciosa experiencia.

Comenzaremos el camino desde la senda de los laneros, en el mismo nacimiento del río Cárdenas. Esta zona es ideal para practicar senderismo. Podremos recorrer la montaña a nuestro antojo, seguir el cauce del río, descansar en las casas rurales de Ascarioja si pasamos unos días, y admirar el entorno natural que nos rodea.

Bajando con calma el sendero nos toparemos con la Cueva del Santo, un santuario incrustado en la montaña que nos invita a seguir los pasos de San Millán, para llegar a ella en romería, y desde el que se puede disfrutar de una panorámica del valle y del hayedo del río que cautivan a cualquiera.

La zona invita a la investigación, a perderse queriendo por la montaña, en la que te puedes encontrar de repente con otra ruta que te apetece realizar, como por las Cuevas del Patín. Sin embargo, si continuamos el curso del río llegamos a un primer pueblo al pie de la sierra de la Demanda, San Millán de la Cogolla.

Aquí no podemos dejar de visitar el Monasterio de Yuso del siglo XVIII, del cual también hay unas vistas preciosas desde el mirador de Berceo en el pueblo de al lado, y el Monasterio de Suso, declarados Patrimonio de la Humanidad, que son el principal e imponente reclamo de la localidad y de la provincia.

Berceo rinde homenaje al primer poeta en lengua castellana, y tiene en la plaza central la iglesia de Santa Eulalia del siglo XIX. En la zona se reúnen varias comunidades, por la cantidad de riachuelos y ríos que confluyen aquí, como San Andrés del Valle o Estollo.

El Cárdenas nos lleva camino del pueblo con el que comparte nombre, muy pequeño, y antes del cual, por la LR-205 pasamos por Badarán. Continuando nuestro camino hacia Nájera, podremos desviarnos en cualquier momento hacia un lado u otro a la montaña para dar un paseo, disfrutar de bocanadas de aire fresco y conocer la zona.

Uno de los ejemplos más claros de esto es tomar un pequeño desvío hacia Tricio e ir a ver, sí o sí la ermita de Santa María de los Arcos, una iglesia visigoda en la que se encuentra la lápida cristiana más antigua encontrada hasta el momento en la península ibérica. La opción de subir hasta Cañas y conocer su convento del siglo XII y conocer el pueblo donde nació Santo Domingo de Silos.

Llegando ya al final de nuestro camino nos encontramos con el municipio de Nájera. Aquí podremos disfrutar de rutas a pie por Las Siete Cuevas o visitar los monumentos del pueblo como el Alcázar, la Muralla o el Monasterio de Santa María la Real. Un enclave maravilloso que atraviesa el Najerilla, en el que desemboca el Cárdenas, poniendo así fin a nuestro recorrido a orillas del mismo.

Valle del Najerilla

Las dos Viniegras y una histórica Venta

Viniegra de Arriba y Viniegra de Abajo son dos emblemáticos pueblos del valle del Najerilla que atrapan con su encanto a todo el que pisa sus calles. En el primero, con poco más de medio centenar de vecinos y rodeado de cumbres que esconden este pequeño paraíso, se levantó hace ya seis siglos la iglesia de la Asunción, un misterio que desafía todas las convecciones.

En el segundo, repleto de recuerdos de quienes emigraron a América y regresaron con fortuna para compartir su esplendor, hay que hacer una parada en la plaza de Argentina, donde abundan las casas indianas entre calles empedradas. Después de comer en Casa Irene, se entiende mejor el amor por estos pueblos conservados entre algodones arquitectónicos.

Entre curva y curva, y con alguna vaca que se niega a dejar paso a los coches todavía tenemos alguna otra parada.

La centenaria Venta de Goyo, que lleva más de un siglo animando el estómago de caminantes, cazadores, pescadores y viajeros de todo tipo con una cocina de las que pone en valor, orgullosa, las raíces de su tierra.

Casas rurales en el valle del Najerilla

Casa Chicote
Casa La Moniquilla

Casa La Moniquilla

Mansilla de la Sierra

La Posada de San Millán

La Posada de San Millán

San Millán de la Cogolla

Casa Rural La Campana

Casa Rural La Campana

San Millán de la Cogolla

Casa Rural La Calera

Casa Rural La Calera

San Millán de la Cogolla

Casa Lázaro

Casa Lázaro

Viniegra de Arriba


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